José Cruz Herrera (1890 / 1972)
"El pintor español más condecorado en la historia de España”

INTRODUCCIÓN

EL 23 DE FEBRERO DE 1961

Señor Director del Instituto de Estudios Africanos.

Señoras y señores:

La gran admiración y la obediencia absoluta que tengo al General Díaz de Villegas me han decidido a aceptar el honor de pronunciar esta conferencia, aun a riesgo de que ésta carezca de la brillantez y el interés, que yo quisiera, para satisfacer al distinguido auditorio que me honra escuchándome. Así que preparaos a escuchar a un pintor que lleva en Marruecos treinta y tres años pintando sus zocos, sus callejas llenas de sol, sus moras, y todos los asuntos que brindan aquellas tierras, que tanto atractivo ofrecen al Arte de la Pintura.

Yo nací en la Línea de la Concepción (el año no lo digo y así algo saldré ganando). Desde la terraza de mi casa, contemplaba las montañas azules de África como algo misterioso que me atraía y adivinaba los miles de asuntos maravillosos que aquellas tierras descubrirían ante mis ojos, que anhelaban mirar y estudiar de cerca.

Y efectivamente, en el año 1926, con lo que me dieron de mi primera Medalla en la Exposición Nacional, me planté en Casablanca, con la idea de permanecer allí unas semanas hasta que se acabaran las pesetas de la Medalla.

Aquello realmente me entusiasmó; trabajé mucho en todo lo árabe que era de una gran ilusión para mi sentimiento de pintor, y fui vendiendo cuadros y prolongando mi estancia, hasta que celebré La primera exposición en Casablanca, que fue inaugurada por nuestro Cónsul General y por el Residente General francés, entonces Monsieur Steg.

Me llevé a mi mujer y a mis dos hijos y seguí pintando moras, moritos y composiciones, y naturalmente se fue prolongando mi estancia allí. Puse estudio y trabajé con tanto fervor que los años se pasaron y nunca declinó el encanto magnífico que tuvo siempre para mí Marruecos.

Por aquella época nos reuníamos en Marruecos diez o doce artistas franceses, españoles e ingleses. Se hacía una vida de gran camaradería entre los pintores. Salíamos a pintar a Fez, a Meknes, a Marrakech; Íbamos con polainas bridges, porque se hacían muchos viajes a caballo o en burro y había que llevar todos los útiles necesarios para traer de allí los cuadros, que luego habían de presentarse en las exposiciones que cada uno celebraba todos los años.

En aquella época, allá por los años 1927 y 1928 existían en Casablanca seis o siete Salas de Exposiciones y si estaban ocupadas, se alquilaba un almacén, se empapelaban las paredes y se colocaban los cuadros, que se vendían todos pues en aquellos días se construía mucho en Marruecos, y el público necesitaba cuadros para decorar pisos, villas, chalets, etc.

Los modelos de moras eran maravillosos; tal como llegaban al estudio, eran ya cuadros espléndidos; no había que cambiar nada. Cuatro telas modestas las llevaban con tanta gracia y tanta majestad que parecían princesas.

Si estaban a gusto, no les interesaban el dinero que ganaran. Sólo que para pintar a una, había que admitir y pagar a dos o tres para que le hicieran reir y las distrajeran cuando posaban. Las moras posan maravillosamente; parece que no hubieran hecho otra cosa en su vida, y se interesan vivamente por el cuadro que se les está haciendo. A mí me propuso una darme las pulseras de plata que llevaba a cambio del cuadro que estaba pintando. Hay que mimarlas mucho y ofrecerles un ambiente simpático y agradable; darles el té y tratarlas muy bien, pues tienen el orgullo de la raza nuestra. A veces, hay que curarlas, para lo cual yo tenía en el estudio un pequeño botiquín. He pintado miles de moras, negras, bereberes, mujeres azules, que se llaman así porque las telas azules con las cuales se visten, despintan, y como ellas son blancas se tiñen y parecen celestes, como si estuvieran iluminadas por luz de luna. Estas son las mujeres de Gulimini a las puertas del Desierto; además, el color azul ahuyenta moscas y por eso en los barrios judíos los patios están pintados de azul puro, añil.

He pintado, también, muchos judíos, casi todos con las primeras barbas, que tienen algunas noventa años y que nunca fueron afeitadas.

Tuve un modelo judío ciego al que yo le explicaba lo que era pintar y lo que significaba un cuadro que, naturalmente, el no podía ver. Le llevé a una judía que curaba las cataratas y con un terrón de azúcar, raspándole los ojos, llegó milagrosamente a darle la vista a aquel pobre, que se presentó más tarde en el estudio a ver el cuadro que había pintado con él.

He sido invitado muchas veces por moros ricos a sus palacios, a banquetes que son verdaderamente suntuosos. Las esclavas, magníficamente vestidas, van presentando los platos cubiertos con unos cubiletes dorados y que llegan hasta diez y doce, que empiezan por el corderito asado, platos de aves, la bistila, que un pastel de mil hojas y debajo relleno de pechugas de aves. Todos comen en un gran plato, pero con los tres dedos de la mano derecha, que antes han sido lavados en un aguamanil que presentan los servidores y, al final el cuz-cuz magnífico. Todo esto servido con agua de almendras, de naranjas de diversos perfumes, pues allí no hay vinos, que realmente no hacen falta.

Al final, entre tacitas de té muy caliente, con exquisitos dulces de almendras, de coco, etc., pasan las chicas que tanto he pintado, bailarinas vestidas maravillosamente y que cantan y bailan acompañadas de violines, guitarras y otros instrumentos árabes.

¡Qué bien os contaría todo esto Luis Antonio Vega, que tanto sabe de Marruecos y que tantas veces he encontrado por aquellas callejas, preparando magníficos artículos!

Luego, las señoras pasan al Harem a visitar a las demás, siendo acogidas con gran simpatía y mucha alegría, cambiándose los trajes y vistiéndose ellas a la europea, y nuestras mujeres, de mora. Mi mujer, luego me contaba lo que había visto en los jardines del Harem y así he pintado muchos cuadros, reproduciendo en mi estudio de Casablanca, bajo la dirección de mi mujer, todo lo que ella había visto que, en ocasiones eran escenas de las mil y una noches.

IR A 33 AÑOS DE PINTURA EN MARRUECOS...


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